Uso externo: La menta se utiliza para enjuagues de la boca y la garganta, así como en compresas para refrescar en caso de inflamación de las articulaciones, reumatismo y neuralgias.
Uso interno: Las infusiones de menta se utilizan sobre todo en diversas dolencias del tracto digestivo, como gastritis y enteritis, hipoclorhidria, trastornos digestivos que se manifiestan con falta de apetito, vómitos, náuseas, flatulencias, dolores abdominales, mala digestión de las grasas, fermentación anómala en los intestinos, cólicos intestinales, estados espásticos del intestino, diarreas, estreñimiento y debilitamiento de la función pancreática.
También se utiliza en el tratamiento de neurosis vegetativas, dolores migrañosos, mareo por movimiento y como agente calmante.
Actúa de forma complementaria contra las dolencias mencionadas. En casos graves de salud, es recomendable consultar a un especialista (médico, dietista, etc.).